martes, 10 de marzo de 2009

DETENGAN EL METRO

Barranca del muerto – Mixcoac.
- Estoy en el maldito metro, rodeado de nacos apestosos. Por culpa de papi que no me presta el coche. No lo puedo comprender, mi abuelo le prestaba el coche a él cuando tenía mi edad- pensó Miguel -. Por si fuera poco no me dio dinero para viajar en taxi, para colmo mi mamá lo apoya.

La alarma sonó, las puertas se cerraron, un joven con pinta gay le entregó una hoja:

Señor(a) usuario(a):
Disculpe las molestias que les causemos, nosotros padecemos del virus VIH, y como sabe el tratamiento es demasiado caro, nosotros somos personas de escasos recursos. Si pudiera ayudarnos con alguna moneda. Se lo agradecemos de ante mano.

-¡Como no va atener SIDA! Sé es gay – expresó para sus adentros Miguel, su mirada no dejaba observar a ese muchacho -. ¡Pinches sodomitas!
El metro arribó a la siguiente estación. El joven gay salió del vagón, por esa misma puerta entró una adolescente hermosa.

Mixcoac – San Antonio.
Miguel se percató de que los asientos estaban ocupados. Por lo que decidió dejarle su lugar a esa muchacha. Él la veía sin discreción.
– Me encanta que se vistan así, con faldita escolar y top – pensó Miguel -. Su cara es muy tierna, sus ojos azules son hermosos, ese arete en el ombligo es excitante. Sus senos… son perfectos ni grandes ni chicos, son del tamaño de mi mano. Sus piernas contorneadas me estremecen al verlos.
Aquella hermosa chica sacó de su mochila una revista, en la portada aparecía el nuevo Mercedes Benz deportivo, Miguel soñaba con ese pequeño carro desde que lo vio en aquella exhibición realizada en diciembre del año pasado.
- Esta mujer es perfecta, guapa, con un cuerpazo y le gustan los coches. Que más se puede pedir – Miguel siguió con su soliloquio mental -. Me voy a acercar a hablar con ella. Haber que consigo, pero… ¿Qué le digo?
Él observó de nuevo a la joven, sus ojos se quedaron clavados en la boca de ella. Los labios rosados de ella atrajeron aún más a Miguel. La vista de él recorrió poco a poco aquel cuerpo perfecto.
- Si esos labios fuesen míos no dejaría de besarlos y morderlos – pensó Miguel.
La hermosa lo volteó a ver. Él le sonrió nervioso al creer que ella descubrió lo que pensaba. El metro arribó a la siguiente estación.

San Antonio – San Pedro de los Pinos.
Miguel continuó con su observación, aquel escultural cuerpo hizo olvidar el enojo causado por sus padres. Ya no importaba no tener coche, ni el seguir rodeado de nacos, vendedores y olores extraños. La visión de Miguel se detuvo en las piernas de ella.
- Si fuera mía le acariciaría y besaría esos hermosos muslos. Mis labios recorrerían su entrepierna, luego escribiría el alfabeto en sus labios. Mientras me pide que no me detenga y presiona mi cabeza a ella – imaginó Miguel la escena -, mis manos acariciarían sus pechos, sus pezones tiernos serían una juguete extremadamente delicado. Después la haría mía.
La hermosa joven se levantó del asiento. Caminó hacia Miguel mientras contoneó con gracia sus caderas.
- Debiste preguntar mi nombre mínimo –dijo ella mientras le acarició el tórax. Ella salió del metro.
Miguel quiso seguirla pero fue muy tarde las puertas se cerraron de golpe en su cara. ¡DETENGAN EL METRO! Gritó a todo pulmón mientras golpeaba las puertas.

Este fue un cuento que escribí alrededor de unos 6 o 7 años, espro lo hayan disfrutado. Por cierto una disculpa por que saliera a penas ahorita y no el sábado, me equivoqué al programar la salida del post, por su atención gracias. y recuerden ¡OS QUIERO CABRONES!
P. D.: Esta versión fue cambiada un poco por efectos del blog, si quieren leer el cuento original, comuniquense conmigo. Gracias

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