sábado, 21 de marzo de 2009

CONCUPISCENCIA

- Cualquiera pensaría que soy una fácil, una zorra, pero esta es mi forma de vivir. Me siento sola, pero no es mi culpa. Lo bueno es que por fin se acerca un micro. Necesito la esencia masculina, sentir la testosterona, oler las lociones baratas combinadas con el sudor, agotamiento y sueños rotos. ¡Huelen a vida tratando en esfuerzo vano de sobrevivir! Desafortunadamente me hacen falta cada día. Son lo único que me ata a esta vida.
Sobre el eje, Loreta hace señas al surrealista transporte público, esa máquina de tortura medieval. Como de costumbre, un frenón en seco violentamente sacude a los pasajeros. La golosa mirada del chofer escanea a Loreta y su entallada ropa, cercana a los cuarenta años, con sus piernas largas y torneadas, un busto que aún no pierde la guerra contra la gravedad, cintura breve a pesar del caos del tiempo. Los pasajeros dejan pasar a Loreta hasta la parte media del vehículo, ella se siente cobijada por esa promiscuidad pasajera. Excelsa muestra común de la concupiscencia disimulada, juega con el deseo, el rechazo y la soledad.
Sus odios son invadidos por la extravagante voz de Kanny García mientras, es estrujada por el vaivén de los pasajeros.

Llevo días leyendo tus cartas
preguntándome por qué me enamoré de ti.
Pues yo misma me decía: “no lo pierdas”,
sin pensar que nada valía la pena.
¿Por qué fue que pensé en ti cuando no eras para mí?
Pero todo se contestó en una conversación
quiero darte la explicación.


El ritmo de la canción y la letra penetra fuertemente en su mente. Lo siente entre sus piernas, el roce de la dureza masculina frotada contra su cuerpo. Sus senos apretados contra la espalda de un joven que apenas alcanza los veinte años. Quiere abrazarlo, sentir su virilidad, la firmeza de sus músculos, besarlo y morderlo hasta hacerle sangrar. El olor aún limpio de la juventud, la excita aún más. En un movimiento brusco del microbús, ella recarga su rostro en la ropa de él.
- Ay chavo, perdón. ¿Te manché la camisa? –. Exclama con expresión de sorprendida y sonrisa disimulada. El muchacho que no se dio cuenta del ataque femenino, niega con la cabeza y voltea indiferente.


Que fui a una tienda que lo que he comprado
me sirve mejor que el estar a tú lado;
que dos baterías me han funcionado
mejor que tus besos y que tus abrazos,
ya no diré yo mas nunca te extraño
pues no me hacen falta ya mas tus engaños
para dar migajas y hacerme más daño
mejor soy feliz
”.

Loreta toma conciencia de que un hombre a su derecha, repega su muslo contra el suyo. Le agrada la firmeza y la fuerza viril contenida. Se gira, el vaivén de la máquina, que pasa sobre baches e irregularidades de la calle, le hace sentir un cosquilleo intenso. Se imagina desnuda, sentada sobre el torso velludo y fuerte de aquel hombre. La excitación aumenta. Lleva apenas unas cuadras de su camino, y ya siente el anuncio de un orgasmo. Un grito: “Bajan”. El amarre de las llantas y el desacomodo de los pasajeros interrumpen su esperado placer.
- ¡Vete a tentar a tu puta madre! –. Grita la joven que solicito la parada. Loreta se apresura a tomar el lugar de aquella chica, no quiere perderse el cobijo de los cuerpos masculinos, y menos cuando estuvo tan cerca, tan pero tan cerca.
Rodeada, apretada entre los desconocidos, los amantes anónimos capaces de dar la satisfacción que desea, a pesar de la inconsciencia de la mediocre excitación, el sentir un cuerpo femenino recargado y frotado contra ellos.

Con mi amigo en el baño“.

- No sabes nada amiga – con un soliloquio se dice a sus adentros, como si la misma Kanny le escuchase -, un amigo en el baño no es suficiente, cuando puedes tener muchos en el micro.

Unas le dicen consolador,
otros le llaman amigo.
Solo sé que con él llego
a donde yo fingí contigo
”.

Se acomoda. Procura quedar pegada al hombre de torso velludo, recarga su espalda y sus nalgas contra el joven. Así los une. Sabe que no tardara en sentir más su humedad en el pubis y en la entre pierna. Aprieta sus muslos con fuerza para disimular el temblor. Los pezones erguidos escondidos tras su ropa. Pero el tono carmín exaltado del rostro no hay como ocultarlo. Sólo la seriedad y la dureza en la mirada, le ayudan para que los otros pasajeros, lo confundan con coraje, pena e indignación por los frotamientos de los cuerpos masculinos.

Si antes me hubiese enterado
de este tesoro existente,
no me hubiese interesado
tu amigo el impotente
”.

-Así no hablo con ellos, ni estoy obligada a soportar sus mentiras, juegos de coqueteos fáciles y sin imaginación, aburridos, faltos de originalidad –con enojo naciente se dice así misma -. Simples y llanos, todos son igual de estúpidos. Malos amantes y peores compañeros. Egoístas y vacunos, ególatras, sin sustento, inseguros hasta el infantilismo. Esta es mi solución. Puedo tenerlos a todos, los que yo quiera; escapar a su compañía para gozarlos a mi placer, sin emociones ni juegos amorosos condenados al desgaste y al aburrimiento. Al hartazgo mutuo. A la amargura del desengaño.
Loreta llega al edifico de la colonia Del Valle en donde habita. En el espacio del estacionamiento permanece su pequeño Beattle del año. Apenas si lo usa. Prefiere los viajes con sus amantes, con sus aventuras orgásmicas. Entra a la soledad del pequeño y femenino departamento. Mientras se dirige a la recámara, se arranca del cuerpo una a una las prendas. No prende la luz. Desnuda se deja caer sobre la cama. Se abraza a sí misma. Se acaricia aún húmeda. Solloza con triste y humillante soledad. Lo recuerda con desprecio, entre lágrimas voltea a ver la fotografía.
- Me cambiaste por esa pinche escuincla. Pero no me importa tengo más amantes, diferentes e incansables, fieles a su ignorancia. Son hombres, saben serlo, aunque seguro con sus parejas son igual de estúpidos que tú. Tienen asegurado su boleto a la impotencia. Como sucede contigo.

sábado, 14 de marzo de 2009

PASIÓN POR LOUDERS

El silencio de la noche se apreciaba en el campo, la hermana Luna brillaba, su luz quitaba las sombras que amenazaban los senderos, que llevan a los lugares más asombrosos, donde sólo guerreros valientes han podido regresar.
Y en medio de la nada desde las colinas se podía observar aquella pequeña luz amarilla. Se encontraba entre los campos de trigales, en esa época del año estaban vacíos. El aire tan frío provoca que las espadas de los caballeros queden atascadas en sus vainas, lástima que el aire fuera así de crudo, porque la atmósfera era perfecta, la calma, los grillos cantaban alegres y la luz lunar… El resoplar de mi caballo terminó con la magia que se apreciaba.
La paz que busqué durante aquellos días pasados la iba a encontraba allí, estaba harto de ver al fuego consumir los árboles y las huestes enemigas, el sonido que producían las flechas que cortan el aire seguido por un grito de dolor y agonía. El olor del lodo mezclado con la sangre, esa horrible hediondez que estaba presente en todos lados. Pero eso ya estaba en el pasado porque eso ya era parte del pasado, porque ya estaba en casa.
Presioné con mis piernas a Melyenenefth, él empezó a trotar rápido, el “clip-clap clop” sonó armonioso mientras más cerca me encontraba de mi destino, podía oler con claridad el humo hogareño que salía de mi chimenea. Jalé las riendas de mi corcel y frenó, bajé de aquel pedazo de carbón que tenía el galope más rápido de todo el reino. Corrí hasta mi morada, cuando llegué al pórtico me asomé por una de las ventanas y allí estaba ella. Su cara, me pareció ver un ángel, su expresión en un principio me demostró inseguridad y desesperación, sus ojos negros y brillantes me mostraron miedo y tristeza por la que habían pasado en estos meses que defendí el reino. Después de mirarme su expresión cambió, la incertidumbre se volvió seguridad, el miedo se transformó en felicidad, la calma llegó, lo supe al ver como descendían las lágrimas por su rostro. Ambos corrimos a la puerta tomamos al mismo tiempo la manija, la giramos. Yo sentí en ese momento, como nuestras mentes estaban unidas, al igual que cuando éramos prometidos. Al abrir la puerta ella apareció detrás del marco, con su camisón blanco que no me dejaba ver la perfecta figura de mi amada Lourdes. Lo poco que podíamos ver era su cara, su hermoso cuello de cisne, sus pequeñas manos marcadas por el trabajo en el campo, los pequeños trozos de seda con los que caminaba. La tomé entre mis brazos, sus rosados labios se unieron a los míos. Después de aquellos meses que pase lejos de ella, no olvidé aquel sabor proveniente de su boca.
Mis manos comenzaron a acariciar su espalda, mi mano izquierda subió hasta llegar a su cuello, su cabellera dorada le llegaba a la mitad de la espalda. Sus manos bajaron lentamente desde mis hombros hasta llegar a mis nalgas. Con mi lengua acaricie sus perlas blancas y su suave pétalo de rosa roja, con sabor a dulce néctar. La cargué. Era como una pluma ligera, suave y graciosa. Ella me abrazó por el cuello. Llegamos a la habitación, la recosté en la cama, comencé a besar su cuello, exquisito, ella me envolvía con sus brazos cada vez más fuerte y apasionada. Jugué con sus pies, los acaricié, masajeé y besé. Lourdes rió, mis manos comenzaron a subir por sus piernas, la punta de mis dedos se deslizaron en su fina piel. Mis manos avanzaban como tigres al cazar a su presa, sigilosas, mientras sienten el movimiento a su alrededor, esperando el momento justo para atacar. Su abdomen se contrajo. Le quité el camisón la sostuve con ambas manos por su cintura estrecha; el abdomen delgado, firme, suave. Su ombligo sobresalía comencé a besarlo, le mordí ligeramente alrededor, de su boca salieron pequeños gemidos placenteros al oído. Miré sus senos, amplios, erguidos, delicados, llenos de vida. Los besé. Sus pezones aumentaban poco a poco cada vez que mis manos y mi boca jugaban con su pecho. La abracé. La miré directo a sus perlas negras, la pasión, el amor, la felicidad se unían en ahí adentro; de su boca broto una sonrisa seductora, cerramos los ojos, nos fundimos en un beso tan cálido y profundo. La hice mía, su respiración aumentaba y se aceleraba al igual que sus latidos, enterró sus uñas en mi espalda, la pasión aumentó, se sentía en cada beso, caricia, rasguño y pausas en su respiración. Cuando nuestros cuerpos se fusionaron, la tome de las muñecas con mi mano izquierda, por encima de su cabeza. Con mi mano derecha la abracé. Besé sus dulces labios, su hermoso cuello, sus firmes senos.
El tiempo no avanzó, se detuvo, una sensación mágica, parecía que nuestros cuerpos eran uno desde el principio de los tiempos. La respiración, las pulsaciones, el ritmo, los sentidos parecían ser una sola entidad. Comenzó a producir ligeros suspiros, sus pupilas se dilataban, la respiración era más profunda, su corazón nunca se había acelerado tanto en toda su vida, bueno el mío tampoco. Los gemidos eran más fuertes y largos. La pasión se desbordó, nos fundimos en un cálido amor… la calma llegó, me besó, la abracé. Ella me dijo: “Te amo”. Me besó. Al poco tiempo salimos abrazados al pórtico a contemplar las estrellas. Durante toda la noche.

martes, 10 de marzo de 2009

DETENGAN EL METRO

Barranca del muerto – Mixcoac.
- Estoy en el maldito metro, rodeado de nacos apestosos. Por culpa de papi que no me presta el coche. No lo puedo comprender, mi abuelo le prestaba el coche a él cuando tenía mi edad- pensó Miguel -. Por si fuera poco no me dio dinero para viajar en taxi, para colmo mi mamá lo apoya.

La alarma sonó, las puertas se cerraron, un joven con pinta gay le entregó una hoja:

Señor(a) usuario(a):
Disculpe las molestias que les causemos, nosotros padecemos del virus VIH, y como sabe el tratamiento es demasiado caro, nosotros somos personas de escasos recursos. Si pudiera ayudarnos con alguna moneda. Se lo agradecemos de ante mano.

-¡Como no va atener SIDA! Sé es gay – expresó para sus adentros Miguel, su mirada no dejaba observar a ese muchacho -. ¡Pinches sodomitas!
El metro arribó a la siguiente estación. El joven gay salió del vagón, por esa misma puerta entró una adolescente hermosa.

Mixcoac – San Antonio.
Miguel se percató de que los asientos estaban ocupados. Por lo que decidió dejarle su lugar a esa muchacha. Él la veía sin discreción.
– Me encanta que se vistan así, con faldita escolar y top – pensó Miguel -. Su cara es muy tierna, sus ojos azules son hermosos, ese arete en el ombligo es excitante. Sus senos… son perfectos ni grandes ni chicos, son del tamaño de mi mano. Sus piernas contorneadas me estremecen al verlos.
Aquella hermosa chica sacó de su mochila una revista, en la portada aparecía el nuevo Mercedes Benz deportivo, Miguel soñaba con ese pequeño carro desde que lo vio en aquella exhibición realizada en diciembre del año pasado.
- Esta mujer es perfecta, guapa, con un cuerpazo y le gustan los coches. Que más se puede pedir – Miguel siguió con su soliloquio mental -. Me voy a acercar a hablar con ella. Haber que consigo, pero… ¿Qué le digo?
Él observó de nuevo a la joven, sus ojos se quedaron clavados en la boca de ella. Los labios rosados de ella atrajeron aún más a Miguel. La vista de él recorrió poco a poco aquel cuerpo perfecto.
- Si esos labios fuesen míos no dejaría de besarlos y morderlos – pensó Miguel.
La hermosa lo volteó a ver. Él le sonrió nervioso al creer que ella descubrió lo que pensaba. El metro arribó a la siguiente estación.

San Antonio – San Pedro de los Pinos.
Miguel continuó con su observación, aquel escultural cuerpo hizo olvidar el enojo causado por sus padres. Ya no importaba no tener coche, ni el seguir rodeado de nacos, vendedores y olores extraños. La visión de Miguel se detuvo en las piernas de ella.
- Si fuera mía le acariciaría y besaría esos hermosos muslos. Mis labios recorrerían su entrepierna, luego escribiría el alfabeto en sus labios. Mientras me pide que no me detenga y presiona mi cabeza a ella – imaginó Miguel la escena -, mis manos acariciarían sus pechos, sus pezones tiernos serían una juguete extremadamente delicado. Después la haría mía.
La hermosa joven se levantó del asiento. Caminó hacia Miguel mientras contoneó con gracia sus caderas.
- Debiste preguntar mi nombre mínimo –dijo ella mientras le acarició el tórax. Ella salió del metro.
Miguel quiso seguirla pero fue muy tarde las puertas se cerraron de golpe en su cara. ¡DETENGAN EL METRO! Gritó a todo pulmón mientras golpeaba las puertas.

Este fue un cuento que escribí alrededor de unos 6 o 7 años, espro lo hayan disfrutado. Por cierto una disculpa por que saliera a penas ahorita y no el sábado, me equivoqué al programar la salida del post, por su atención gracias. y recuerden ¡OS QUIERO CABRONES!
P. D.: Esta versión fue cambiada un poco por efectos del blog, si quieren leer el cuento original, comuniquense conmigo. Gracias