Así como nuestros antepasados, nosotros debemos evolucionar una vez más, coge tus maletas y realicemos uno de los viajes más excitantes, conoce r el cuerpo de nuestra mujer.
Las mujeres no generan su capacidad erótica solo en los genitales, su cuerpo entero es un órgano sexual que debemos explorar con tal de conocer las partes más sensibles. La experiencia erótica exige recorrer por los espacios corporales, indagar entre estos áreas nos lleva a conocer los puntos más sensibles. Todo esto no es un juego solamente, es una forma de comunicarnos, conocernos, amarnos. Porque la mujer necesita más tiempo para llegar al punto ideal de la excitación, de esta manera se disfrutara de una forma única, para ambas partes.
Normalmente se comienza con un relajamiento mutuo, con caricias, besos, mordiscos, palabras, masajes, etc., una caricia dice más que mil palabras. Las manos son importantes en nuestra vida amatoria, se deben convertir en un ente aparte, pues deben de rozar, acariciar, posarse y hurgar cada poro de nuestra amante. Deja a tus compañera libres y que hagan su trabajo. Nuestras manos se unen a las de ella, recorren lentamente el camino hasta llegar a la cara de ella, la toman cautelosamente y logran que esta cara este enfrente de la otra… un beso. Con ellas (las manos) nos comunicamos, aprendemos sobre la temperatura externa e interna de nuestra pareja, sobre sus texturas y reacciones. En este sentido sabemos que el cuerpo está atiborrado por terminaciones nerviosas, es por eso que en el recorrido identifiquemos y reconozcamos todas las zonas placenteras, para averiguar donde se genera la mayor excitación.
Como ya habíamos leído anteriormente el cuerpo femenino es un órgano sexual, y para manipularlo debidamente hay que tener en cuenta los siguientes puntos.
- Mente: Háblale sucio, romántico, con humor. Una mente no seducida su cuerpo muchísimo menos. Así que trata a su mente como lo harás con su cuerpo.
- Oreja: Con tus labios cerca de ella, susúrrale cosas dulces, dile todo lo que quieres, introduce tu lengua pausadamente, de vez en cuando muérdele los lóbulos.
- Labios: No solo con tus labios puedes estimular los de ella, también puedes hacerlo con tu lengua, obviamente sin saturar la zona con saliva, muérdelos suavemente. Juega con la intensidad y duración de los besos (sí, ese gran invento del Homo Heidelbergensis).
- Pies: No es porque el escritor de esta entrada sea un enfermo y sufra de podofilia, en fin, esta parte de la anatomía es súper sensible, pues una enorme concentración de terminaciones nerviosas se encuentran ahí, y además se encuentran conectadas con todo el cuerpo. Masajea los pies buscando el punto indicado sin hacer cosquillas, acompáñalo con besos y utiliza tu lengua.
- Cuello: Definitivamente la zona que debemos acariciar, besar y morder. Podemos comenzar acariciando con la yema de los dedos, abrazarla y besarle el cuello, obviamente ayudándonos de la lengua; y si a ella le gusta, darle unas pequeñas mordidas.
- Abdomen: extrañamente a muchas mujeres no les gusta enseñar su abdomen y otras que no deberían lo hacen, en fin. Acarícialo y bésalo, como diciendo que aceptas su cuerpo y a ella. Y utiliza los recursos de la entrada anterior (“La cerradura mágica”).
- Hombros: Comienza con un pequeño masaje, haz a un lado los tirantes del sostén y comienza besarla, no dejes de utilizar la lengua, muerde con cuidado. Sigue tu camino hacia la espalda y quítale ese trozo de tela que impide que la desnudez de ambos sea una.
- Espalda: Acaricia, besa muerde, dibuja con tu lengua su espina dorsal. Tómate tu tiempo, en hacer los recorridos.
Pues bueno muchachos estas son alguna de las tantas partes con las que debemos visitar cada vez que vayamos de viaje por los senderos del cuerpo.
Recuerden: ¡Os quiero cabrones!

